Durante años conviví con una caldera de gasoil que parecía formar parte del paisaje doméstico, ruidosa, exigente y siempre pidiendo atención en el peor momento posible. No fue una decisión impulsiva, sino el resultado de muchas conversaciones y de observar cómo los inviernos se volvían cada vez más suaves, pero también más húmedos, una combinación …